Las intermitencias de la muerte
La muerte hace su trabajo como el basurero que recoge la basura o el carnicero que desolla a los corderos y ¡ay si alguna vez dejara de trabajar! Es parte esencial e imprescindible de nuestra vida; ¿quién si no nos iba a rescatar de ese limbo de decrepitud comatosa que ni es vida ni es muerte y hacia la que caminamos día a día? La muerte puede con todos, pero no con nuestros afectos. Se porta bien Saramago con la muerte.
"Al día siguiente no murió nadie", arranca la última novela del portugués. Ni al siguiente del siguiente ni del siguiente del siguiente. Euforia y caos. Desconcierto. Condenados a la vejez de por vida. El gobierno, preocupado por las pensiones; las aseguradoras, por los seguros de vida; las funerarias reconvierten su negocio hacia los animales, que sí mueren; la 'maphia' organiza escapadas eutanásicas al otro lado de la frontera, donde
Esta trama panorámica, mediada la narración, comienza a planear cada vez más a ras de suelo. No sigo, sigue tú.
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También de Saramago, Todos los nombres

María Luján dijo
No sé si debo seguir, yo no voy por la mitad de la narración, ni por el principio, pero si el discurso que subyace es que en lugar de sentirnos felices por no morir, nos sentimos preocupados por la repercusión económica de esa situación, desde mi punto de vista, acierta de pleno.
En este planeta la muerte y la vida, preocupan en función de los dividendos.
Saludos cordiales.
9 Febrero 2007 | 05:21 PM