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La Coctelera

Cuchilladas

Tajos de pensamiento para descongestionar una vida hipertensa

9 Febrero 2007

Las intermitencias de la muerte

La muerte hace su trabajo como el basurero que recoge la basura o el carnicero que desolla a los corderos y ¡ay si alguna vez dejara de trabajar! Es parte esencial e imprescindible de nuestra vida; ¿quién si no nos iba a rescatar de ese limbo de decrepitud comatosa que ni es vida ni es muerte y hacia la que caminamos día a día? La muerte puede con todos, pero no con nuestros afectos. Se porta bien Saramago con la muerte.

"Al día siguiente no murió nadie", arranca la última novela del portugués. Ni al siguiente del siguiente ni del siguiente del siguiente. Euforia y caos. Desconcierto. Condenados a la vejez de por vida. El gobierno, preocupado por las pensiones; las aseguradoras, por los seguros de vida; las funerarias reconvierten su negocio hacia los animales, que sí mueren; la 'maphia' organiza escapadas eutanásicas al otro lado de la frontera, donde la Parca no se ha tomado vacaciones.

Esta trama panorámica, mediada la narración, comienza a planear cada vez más a ras de suelo. No sigo, sigue tú.

__________

También de Saramago, Todos los nombres






servido por cuchilladas 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

María Luján

María Luján dijo

No sé si debo seguir, yo no voy por la mitad de la narración, ni por el principio, pero si el discurso que subyace es que en lugar de sentirnos felices por no morir, nos sentimos preocupados por la repercusión económica de esa situación, desde mi punto de vista, acierta de pleno.
En este planeta la muerte y la vida, preocupan en función de los dividendos.
Saludos cordiales.

9 Febrero 2007 | 05:21 PM

la sandri

la sandri dijo

Pos habrá que leerlo!!!
Un besazo fuerte pa ti y pa la Martuki!!!!!

muakkkk

9 Febrero 2007 | 07:10 PM

Los comentarios están cerrados


Sobre mí

No elegí nacer en aquel lugar ni en aquel momento -ni siquiera elegí nacer-, pero tampoco me quejo. Pasadas las fiebres futboleras de una feliz infancia, el espectáculo ese de la bestia y el hombre del trapo rojo me hizo más llevadera la adolescencia. Ahora, a mis veintitantos, con una licenciatura en Periodismo a la que quiero y odio a partes iguales, sin un duro y más rojo que La Pasionaria (que nooo, que soy muy moderadito, que lo digo pa tocar los huevos), lucho por no hacerme mayor. Por eso, entre otras muchas razones (la de mucho trabajo y poco dinero también puede valer), dejé de engordar mi panza en la redacción de un diario digital y me fui a Londres. Recién llegado del Reino Rancio, con la tranquilidad del que sabe que el de enfrente también habla castellano, abro las ingles de mis sesos para dar a luz a este cuaderno escrito a base de cuchilladas. No por nada, sino porque el que lo escribe se llama Israel Cuchillo Castillo y se crió en la Muy Noble y Muy Leal Villa de La Roda (Albacete).

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