Desvelo por desvelo y bala por bala
La de desvelos de dignatarios, penurias de la población, ilusiones y frustraciones, odios y amores, balas, granadas y obuses, muertos y mutilados, actos heróicos y cobardes que se sucederían entre el 29 de noviembre de 1947 y el 17 de julio de 1948 en Palestina. La primera fecha corresponde al visto bueno de la ONU para la partición del territorio en sendos estados judío y árabe; la segunda, al alto el fuego que consolidaba las fronteras del recién nacido Israel y partía en dos a Jerusalén. Pues bien, casi desvelo por desvelo de dignatario, y bala por bala y obús por obús disparados en la ciudad santa y aledaños en aquellos meses de ilusión, rabia e infierno, están registrados en el monumental Oh, Jesusalén, de Lapierre y Collins. Pero lejos de apolillarse en un inventario de materiales, fechas y hechos, es un relato novelizado (y riguroso) en el que detrás de cada decisión diplomática o militar, hay carne y hueso y emociones. Y por debajo de esas decisiones, árabes y judíos de la calle, cada uno con su historia particular -casi historia por historia particular- que canalizan sus ilusiones y sus odios en función de las decisiones de los de arriba. Para Lapierre y Collins ni unos ni otros son ni los buenos ni los malos: los malos son los británicos.
Aunque llega a saturar tanto asalto a kibbutz, tanto detalle y tanta historia particular (que os deslumbrará en los primeros tramos de la obra), merece la pena dedicarle un mesecito a sus 700 páginas. Buena parte de los lodos del mundo de hoy son de aquellos polvos.
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También de Dominique Lapierre, Érase una vez la URSS

Pedro García Macías dijo
Niño, gracias por la sugerencia, pues tienes razón, es conveniente desempolvar y releer detenidamente "¡Oh Jerusalén!" para no olvidar los orígenes de de esta espantosa situación
4 Febrero 2007 | 10:46 AM