Mi viaje a Marsella os lo cuenta Muñoz Molina
Quedábame pendiente algún post más sobre mi viaje a Eurocopter Marsella. Pues bien, Muñoz Molina me lo ha escrito y publicado el sábado 27 en las páginas de opinión de El País. Adecúense los topónimos a donde corresponde, límense las connotaciones anti nacionalistas del texto, y aplíquese en frío. (Aunque mis preferencias políticas están claras, procuro no perder mi espíritu crítico. Los dignatarios son, en este caso, la Junta de Comunidades, sociata, de Castilla-La Mancha).
Los dignatarios -da igual el partido o el territorio al que pertenezcan- cultivan un delirio grandioso de política internacional, y viajan por el mundo con séquitos más propios de sátrapas que de gobernantes democráticos, con jefes de prensa y de protocolo, con asesores, con periodistas, con fotógrafo de corte y cámaras de televisión, incluso con pensadores áulicos, en algún caso muy selecto. Se alojan en los mejores hoteles y gastan el dinero público con una magnanimidad de jeques petrolíferos. Viajan con el pasaporte de un país cuya existencia niegan y utilizan los servicios diplomáticos y consulares de un Estado al que no se consideran vinculados por ninguna obligación de lealtad, y aseguran que el motivo de tales viajes es la promoción internacional de sus respectivas patrias, provincias, principados, o reinos: obtienen, es verdad, una gran cobertura mediática, si bien no en los periódicos del país que han visitado, sino en los de la comunidad o comarca de origen, en la que todo el mundo parece aceptar sin sospecha el delirio de los resultados provechosos del viaje, así como la cuantiosa inversión necesaria para que sus excelencias celebren en Nueva York o en Melbourne una mariscada suculenta de la que habrían disfrutado lo mismo sin marcharse tan lejos, o hagan unas declaraciones a la televisión autonómica o al diario local a seis mil kilómetros de distancia.
Un momento de la rueda de prensa en Marignane y mi caligrafía árabe:
Los dignatarios -da igual el partido o el territorio al que pertenezcan- cultivan un delirio grandioso de política internacional, y viajan por el mundo con séquitos más propios de sátrapas que de gobernantes democráticos, con jefes de prensa y de protocolo, con asesores, con periodistas, con fotógrafo de corte y cámaras de televisión, incluso con pensadores áulicos, en algún caso muy selecto. Se alojan en los mejores hoteles y gastan el dinero público con una magnanimidad de jeques petrolíferos. Viajan con el pasaporte de un país cuya existencia niegan y utilizan los servicios diplomáticos y consulares de un Estado al que no se consideran vinculados por ninguna obligación de lealtad, y aseguran que el motivo de tales viajes es la promoción internacional de sus respectivas patrias, provincias, principados, o reinos: obtienen, es verdad, una gran cobertura mediática, si bien no en los periódicos del país que han visitado, sino en los de la comunidad o comarca de origen, en la que todo el mundo parece aceptar sin sospecha el delirio de los resultados provechosos del viaje, así como la cuantiosa inversión necesaria para que sus excelencias celebren en Nueva York o en Melbourne una mariscada suculenta de la que habrían disfrutado lo mismo sin marcharse tan lejos, o hagan unas declaraciones a la televisión autonómica o al diario local a seis mil kilómetros de distancia.
María Luján dijo
Me reconforta observar que hay personas inteligentes con la misma caligrafía que tengo yo, es decir, no legible pasado un tiempo.
En cuanto a los “dignatarios” poco que añadir, son como niños, sin pasiones, el único problema es que salen por un dineral, pero se lo pasan tan bien viajando y saliendo en la tele.
¿Tú eras del séquito? ¿Con derecho a mariscada? Ainsss.
Saludos cordiales.
31 Enero 2007 | 04:13 PM