Queridos Reyes Magos,
Vamos a tutearnos que se entenderá mejor. Cuando, por ley de vida, arramblaron con vuestra existencia y por ende con mi inocencia, comenzaron a aparecer ante mis ojos otros malos, además de los ya conocidos hermanos Dalton, Gárgamel y los indios de las pelis: malos cotidianos de carne y hueso. Por el camino, descubrí que lo de la cigüeña y París era otro timo, y entonces me dio por pensar que si papa -sin tilde; yo, como los gitanos- y mama habían sido capaces de hacer esa guarrada, igual había que empezar a poner en tela de juicio su santidad y perfección. Y ya no dejé de pensar ni de poner en tela de juicio, no pararon de aparecer malos, mucho más malos que los malos de los dibujos; más adelante, con las primeras pelusillas bajo la nariz, las niñas dejaron de ser seres coletudos o diademeros tontos (¿cómo podía no gustarles el fútbol?) para convertirse en tetas y totos tontos, me empecé a dar cuenta de que de mayor no iba a ser futbolista ni el batería de Europe...
Queridos Reyes Magos: volved. Con mi inocencia.

María Luján dijo
Gané el uso de razón, perdí el uso del misterio. G. Celaya.
Yo también quiero tener cinco años, sobre esta noche.
Saludos cordiales.
5 Enero 2007 | 10:26 PM