Media tarde del 29 de diciembre de 2006, ese año en el que durante un paseo por la Casa de Campo a la hora del café del primer sábado de febrero, los cables pelados de mi coco hacen contacto y de la chispa surge la maravillosa locura de desaparecer por una temporada, a dónde, no sé, por ahí, al extranjero, a mandarlo todo a la mierda y a aprender inglés, pero se lo has dicho ya a tu jefe, no, pero se lo digo, ya sé dónde me voy, a dónde te vas, a Londres, se lo has dicho ya a tu jefe, no, esta semana se lo digo, y qué te dijo cuando se lo dijiste, que si quería seguir trabajando con ellos desde allí, y tú qué le contestaste, que ya veríamos, pero que de momento no, y encontré nada más llegar el curro, en el bar del búlgaro, y bastante bien, sí, bueno, Londres, una pasada, sí, lo que pasa es que ya casi cinco meses de camarero empezaban a cansar, sí, y ya que vino Marta y que no se podía quedar en mi casa porque yo andaba viviendo con la family, un matriomonio de italiano y filipina, pues que dije, me vuelvo por un tiempo a España, pero antes estuvimos por Escocia una semanita con un coche que alquilamos en Edimburgo, bueno, qué paisajes, lo mismo que Heidi, la montaña, el lago, todo verde y las cabras, y volví para las fiestas del pueblo, y se lió la cosa, hice las ferias de Arganda y de Albacete, y me vuelvo a Londres en octubre, pero ya no es lo mismo, no me convence ningún curro, ni tengo la motivación de superar la prueba porque me he vuelto con la prueba ya superada y vuelta otra vez, a España, digo, y después de un tiempo sin hacer nada, porque los medios, de comunicación, digo, ni verlos en pintura, pa ellos, que en el pecado van a llevar la penitencia, bueno, eso, que cuando regreso a España llamo a Carlos, que me había ofrecido trabajar en la revista cuando yo estaba allí en Londres, y eso, pues que le devuelvo la llamada, me dice que sí, pero entonces me lo pienso y repienso, qué hago, sí, no, tú verás, y al final digo sí, pero a los quince días digo visto para sentencia, y se supone que hoy, 29 de diciembre de 2006, iba a ser mi último día de curro, y hoy me pregunta que si he cambiado de opinión, no, y entonces me cuenta lo guapo y lo impaciente que soy, no me tienes que contestar ahora, pues te llamo en unos días y te digo, y entonces a 29 de diciembre de 2006 a las seis y seis de la tarde no sé si vuelvo al curro el 8 de enero, que la semana que viene no sale la revista, si he terminado hoy el curro en la revista, si voy a volver al curro de antes de irme a Londres, que tenemos que hablar la semana que viene, o si, simplemente, ni sigo en la revista ni vuelvo al curro de antes de Londres y me dedico a preparar la oposición de secundaria, que es lo más prosaico pero lo más cómodo, que yo tenía claro que quería lo cómodo aunque prosaico, pero después de que me han dicho guapo ya me estoy volviendo a pensar lo de seguir en lo poético aunque incómodo. ¿Qué hago?