Rosa manda, yo obedezco. Antes de empezar, sólo una reflexión: ¿por qué contamos estas cosas? ¿No alimenta el misterio el que la gente no sepa nada de uno? ¿Entonces por qué las contamos? Terminada la reflexión, al tajo.

- Gastronómico. Soy quizá la persona menos delicada del mundo para comer. Pero como haya media micra de nata en mi vaso de leche, o un grumillo del cola cao sin deshacer, vomito. También me dan arcadas los plátanos maduros. En lo positivo, soy capaz de echarme al cuerpo de una tacada un bote de banderillas picantes, o un bote de berenjenas aliñadas, acompañadas por un litro de horchata.

- Vergonzoso. Tengo un pasado madridista. Era muy pequeño y supe reaccionar a tiempo. Nada más que decir.

- Físico. Tengo desviadas las falangetas de los meñiques de las manos. Hasta hace unos años creía que todo el mundo menos yo era raro, porque sus meñiques eran rectos. Que tenga los meñiques torcidos no quiere decir que lo tenga que tener todo torcido.

- Escatológico. Hasta hace no mucho (cinco o seis años), me limpiaba el culo haciendo pelotas con el papel higiénico. Tras arduas y asquerosas discusiones, Alberto me convenció de que hacer dobleces es más cómodo y ahorrativo. Lleva razón.

- Estético. Dejé de afeitarme por pura vaguería; ahora si me veo sin barba no me cononzco.

El marrón que se lo coman ahora Pepino, Noelia Jiménez, Covidovi y Arsenio Escolar. Sí, Arsenio Escolar.