Aquí está la explicación (o parte de ella)
A los toros, salvo excepciones, no se va de tan joven. Y no sólo por dinero (el fútbol, en las ciudades, es notablemente más caro y hay más gente joven y más niños) sino porque, precisamente, exige una mayor madurez, un conocimiento y una asunción, para bien o para mal, de los valores éticos y estéticos que se ponen en juego en la plaza. Los toros no son cosa de niños, ni encarnan los intereses de competición ni deportivos tan gratos a la juventud (tal vez esto explique el alto grado de aceptación que entre bastantes sectores del mocerío tienen los encierros o los recortadores). No. Los toros son más complejos. De niño se aprenden cosas, se va aprendiendo a ver -a menudo se aburre uno bastante, cosa que no deja de suceder de adulto-, pero cuesta comprender: la sensibilidad se tiene, pero capta aún con debilidad ciertas emociones. Los jóvenes no íbamos a los toros hace décadas; ahora tampoco. Seguramente éramos los mismos incautos que ahora no leen, no van al teatro, ni a museos, ni a exposiciones, ni juegan al golf, ni van a conciertos de música clásica. Ni a los toros. ¿Pero adónde iba, adónde va esta juventud? Son frases de siempre. También es añeja la de "esto se acaba". Corra, corra, que se los pierde.
Me has ahorrado la respuesta, José Suárez-Inclán, a tanto y tanto moderno que me mira a este paleto como por encima del hombro mientras garrulea Vamoooos Guti, dala, dala, y piensa: pero qué paleto el de los toros, ahí con los viejos.
Y el tío Arsenio se ve que cuando quiere engordar el cesto de los comentarios se marca un post anti. Pero que cumpla usted con su palabra y deje olvidados los toros, hombre.

DPH dijo
Isra, gracias, tio por decir algo que yo lei, que pense y que no tuve ganas o tiempo de escribir. Ha tenido que venir un desconocido, profesor de instituto de Guadalajara a decirnos lo que los estupidos que dicen dedicarse a la informacion ignoran.
Un abrazo, y avisame cuando vengas a Madrid, eh
20 Diciembre 2006 | 11:55 PM