Kiko y sus amigos
Desde aquella tarde de sábado de hace ya ¿diez, once, doce años? no sólo se iban a cocer barras de pan en el horno de Charco: también canciones. Dos guitarras españolas, una voz, una grabadora de cassete, ingenuidad, ilusión e incluso talento. Con eso salían adelante los temas de Kiko y sus amigos.
Y aquella tarde de sábado, después de grabar nuestro primer y a la postre más emblemático éxito, El número marcado no existe, salimos del horno-studio más flipados que si acabáramos de follar por primera vez -la de años que tuvieron que pasar, por cierto-.

Al bombazo compuesto por Alberto (voz y coros), le siguieron My porro, Veste a la mili, Dame bocadillo y otras muchas jollitas que iban pasando de la cabeza al papel con el run run de fondo de la profesora de inglés, del pobre hombre que intentaba enseñarnos matemáticas y de otros docentes sin autoridad que sufríamos y a los que hacíamos sufrir.
Los ensayos y las grabaciones se sucedían en mi casa, en el horno de Charco (el padre de Pepino) o en casa de Alberto. Nos enseñábamos los nuevos temas que habíamos compuesto, los tocábamos un par de veces y a grabar. Al llevarlo tan poco trabajado salía muy espontáneo. Nos gustaba.
Llegamos a un punto de madurez -personal y profesional- tal que elegíamos números de teléfono al azar a los que llamábamos para que escucharan nuestras canciones y nos dieran una opinión (aquello terminó derivando en llamadas en las que nos hacíamos pasar por personas que no éramos, pero esa es otra e inconfesable historia).
La tortura del conservatorio (sobre todo las clases de solfeo) se fue haciendo insostenible. Alberto y yo abandonamos el barco a la vez, Pepino (entonces Agustín) siguió perdiendo el tiempo unos años más y llegó incluso a primero o segundo de armonía, nos hacíamos mayores, aprendimos a beber y a crecer sin follar, Kiko y sus amigos dejó de ser importante, nos vendimos al sistema, haz una carrera, búscate una hembra, cómprate ropitas caras... no puedo seguir.
Por qué nos tuvimos que hacer mayores.

[Primavera del 98. Kiko y sus amigos con Carlos (el barbas, nuestro profesor de guitarra), ya vendidos al sistema]
[Invierno de 2005. Kiko y sus amigos, ya derrotados por el sistema]

Pepino dijo
Joder, casi suelto una lagrimilla... Iba a decir que daba pena vernos ahora, pero la verad es que siempre hemos dado pena.
Deberíamos regrabar algo, yo creo que tengo las letras originales de nuestro puño y letra. Buscaré.
17 Noviembre 2006 | 06:21 PM