Yo fui con Chinaski al instituto
Frases cortas de sujeto, predicado y complemento, ni una figura, ni un alarde, casi de redacción de colegio. Tacos, muchos tacos, mierda, joder, hijo de puta, mucha expresión de película americana mal doblada ("voy a patear tu jodido culo"), ausencia de trama, situaciones inverosímiles y redundancias.
Pues de toda esta mierda, como él lo etiquetaría, sale una narración vertiginosa, descojonante, cruda como la dentellada del tigre al cervatillo, genial, abrumadora. A lo mejor si no es Bukowski el que lo escribe no vale, pero como es él...
En La senda del perdedor recrea su infancia y juventud, y para mí también ha sido como novelar el fracaso de un amigo del instituto, quizá el tío más inteligente con el que me he topado en la vida y que porque la frase de Ortega esa de "Yo soy yo y mis circunstancias" es una verdad como un templo, no le han ido las cosas como merecía.
Mi amigo también era un Chinaski de mente lúcida. No había hueco en su cabezón (menuda almendra gastaba el chaval) para la esperanza visto lo que tenía en casa y alrededores. Pragmático y realista, bien sabía que los ratones son unos bichos repugnantes y no Mickey Mouse. Llevó sus circunstancias -padre borracho y cocainómano- con pasotismo y resignación y sin ningún resentimiento hacia los que nos metían con embudo las oportunidades que él nunca iba a tener.
Leer a Bukoswki es ver Los Simpson sin almíbares ni profilácticos. No te lo recomiendo como compañero de viaje en el transporte público. La gente todavía te mira raro si te empiezas a descojonar mientras lees. Y es verdad, queda raro. A mí me pasó con Música de cañerías, que es la mejor manera de empezar a digerir a este borracho: a sorbitos, en relatos cortos.
Si aún te falta un empujón, te dejo un par de pasajes de La senda del perdedor, uno guarrete y divertido, y otro que es todo un tratado de filosofía:
Esperamos y esperamos mientras la señorita Gredis seguía hablando de la contraposición de las culturas inglesa y americana. Esperamos, mientras Richard Waite seguía y seguía. El puño de Richard golpeaba contra los bajos de su pupitre y todas las niñas se miraban entre sí mientras los chicos pensaban qué coño hacía en clase ese tonto del culo. Lo iba a estropear todo. Un solo gilipollas como ese y la señorita Gredis bajaría su falda para siempre.
«BUMP, BUMP, BUMP, BUMP...»
Y entonces se paró. Richard seguía sentado inmóvil. Había acabado. Le lanzamos unas cuantas miradas furtivas. Parecía el mismo de siempre. ¿Estaría el esperma sobre su regazo o en su mano?
El timbre sonó. La clase de Inglés había acabado.
Podía ver el camino que se abría frente a mí. Yo era pobre e iba a continuar siéndolo. Pero tampoco deseaba especialmente tener dinero. No sabía qué es lo que quería. Sí, lo sabía. Deseaba algún lugar donde esconderme, algún sitio donde no tuviera que hacer nada. El pensamiento de llegar a ser alguien no sólo no me atraía sino que me enfermaba. Pensar en ser un abogado, concejal, ingeniero, cualquier cosa por el estilo, me parecía imposible. O casarme, tener hijos, enjaularme en la estructura familiar. Ir a algún sitio para trabajar todos los días y después volver. Era imposible. Hacer cosas normales como ir a comidas campestres, fiestas de Navidad, el 4 de Julio, el Día del Trabajo, el Día de la Madre... ¿acaso los hombres nacían para soportar esas cosas y luego morir? Prefería ser un lavaplatos, volver a mi pequeña habitación y emborracharme hasta dormirme.

Margari dijo
Joder, pues a mí me has despertado la curiosidad. Ea, otro autor más pa' la lista de lecturas pendientes.
Asias!!!
13 Noviembre 2006 | 02:25 AM