(TODO)s (en) los nombres
"¿Que no habéis leído nada de Saramago?", recuerdo como si fuera ayer la irónica y azuzante reprimenda-invitación del profesor de lengua de C.O.U., José Carlos (qué bien qué explicaba y qué cabrón y qué exigente en los exámenes. A éste ni le tosíamos los alumnos. Uno de los mejores profesores que he tenido).
Con diecisiete añitos y las hormonas y los chicos de Cruyff acaparando todas mis preocupaciones -y Joselito-, Saramago me sonaba tanto como a Esperanza Aguirre.
Y tuvo que ser en tercero de carrera -las hormonas seguían teniendo mando en mis actos, mas los chicos de van Gaal empezaban a traérmela floja y a Joselito lo cambié por José Tomás- y por obligación cuando leí al portugués. Lo flipé en alta definición, creo que no he vuelto a disfrutar tanto de un libro como lo hice entonces con La Caverna.
Con la carrera terminada, en el paro, quemado de una profesión más prostituta que noble, y haciendo la maleta para mi vuelta a la Pérfida, comencé Todos los nombres. Buscaba algo en la biblioteca del pueblo para matar los días previos a la partida y cogí ese como podría haber cogido el libro de Ana Botella, que también lo tienen.
Dejé la lectura en la página 180, que llegaba el día de la partida, me cansé pronto de la Pérfida y poco después de aterrizar en Barajas andaba ya en la sala de audición de Fnac con el Todos los nombres.
De vuelta a Miguelitolandia, vuelta a sacar el libro de la biblioteca. Ya quedaba menos de la mitad. Las últimas caladas se las pegué frente al Mediterráneo, sentado en una silla de dominguero playero al lado de Marta (ella leía Virus, de Ken Follet; lo importante es leer, lo que sea).
Y qué queréis que os cuente de Todos los nombres. No sé, leed esta sesuda crítica si queréis, estas otras más terrenales de lectores como tú y yo, vosotros mismos, que el calvo este de gafas que amanece cada día en Lanzarote es tan genial que se podrían hacer medio millón de lecturas de Todos los nombres, y todas válidas. Que su capacidad de simbolizar TODO en una historia aparentemente banal, absurda y trágica hasta tocarse con Kafka me supera y no sé qué hostias contar.
Pero me gustó todavía más La Caverna.

Marta dijo
Subnormal, no leia Virus porque KEn Follet no tiene ningun libro que se llame asi. Estaba leyendo En el blanco. Desde luesgo 5 dias conmigo y mira. No sabes ni lo que hago. Me podia estar tirando perfectamente al buenorro de la piscina y tu sin enterarte.... (Lo tendré en cuenta para la proxima)
Ah y ahora te a a mandar un comentario Carmelo metiendose conmigo. Pues cada uno lee lo que le sale de las pelotas, no?
Por lo menos no leo la basura de revistas como el Que me dices.
3 Noviembre 2006 | 02:55 PM