Morantada, vuelvo a España
Para desesperación de mis progenitores (de mi madre sobre todo) y de mi novia, he salido más Morante que Ponce, una puta montaña rusa es lo que soy, imprevisible como la ruleta del casino, desconcertante, tomo café con Dios y llego a tiempo a cenar con el Diablo. A mi madre le hubiera gustado más tener un Ponce de machacona corrección, educadito y tenaz, de los de no tomar café nunca con Dios si es preciso para no tener que cenar nunca con el Diablo.
Y qué culpa tengo yo de haber salido Morante, de ver -o de creer ver, al menos- muy pronto lo que lleva dentro el de los rizos y si lo que lleva dentro no me sirve para lo que yo llevo dentro no darme coba, ni engañarme ni engañar. A mí nadie me ha enseñado a ser así, luego el marrón que se lo coman mis genes.
Que llegué aquí a refrendar la oreja con petición de la segunda que me curré entre marzo y agosto, veo salir al de los rizos, me hace tal que así, un extraño, me mira mal, no lo veo claro, no me doy coba, y me voy a por la espada de verdad. De hecho, ya la tengo en la mano. El miércoles a eso de las nueve de la noche mi maletón rojo andará dando vueltas en la cinta de equipajes de Barajas.
¿Que qué es lo que tenía el de los rizos esta vez para haber pegado la espantá? Pues miren ustedes, que de viernes a miércoles me agencié tres trabajos -el finde no cuenta-, y no vi claro ninguno. Verlo claro es no salir de casa por la mañana y llegar once o doce horas después, con esos breaks matadores de dos o tres horas que tienes que dedicar a sentarte en un banco del parque viéndolas pasar (joder, y que muchas son feas y pecosas y se te hace más largo todavía), es no ganar sólo para el alquiler, el transporte, el pan de molde y la tarrina de mantequilla, entre otras cosas. No obstante, si en el Barcelona Tapas, el último cartucho que quemé (que me quemó, más bien), en vez de decirme que empezaría en dos semanas me hubieran ofrecido la incorporación inmediata, lo hubiera aceptado. No pagaban demasiado, pero el sitio es elegante, no es un horario esclavo y el ambiente entre los curritos me pareció de lo más sano. Vamos, que lo vi claro hasta que me pegaron el extraño ese de "en quince días empiezas". Y hasta entonces me paga tu padre el alquiler, ¿no?
Es verdad que podría haber seguido buscando unos días, unas semanas más, pero vine para no demasiado tiempo (alrededor de tres meses), con lo cual si tardas en despegar se te junta con el aterrizaje, y además ya digo que al de los rizos lo suelo ver al poco de asomar el morro por el portón de chiqueros, que los curros-mierda para los extranjeros aquí son la regla y no la excepción (de la que disfruté yo en la primera parte del exilio).
Nunca para empeorar
Para los hijos de puta que ahora retozan henchidos de gozo por una prematura vuelta que nunca quise: me fue tan bien la primera aventura en Londres que era muy difícil -me he dado cuenta ahora, ese ha sido el error- que se volviera a repetir, y yo volví para mejorar o al menos para mantenerme, nunca para ir a peor. Y que vuelvo porque decido con la libertad con que me vine, pues a mí, de momento, lo único que me ata en esta vida es la atmósfera, que si me salgo de ella a los cuarenta segundos me pongo morado como un higo y al minuto y medio se me vuelven los ojos a lo blanco. (Ya, ya levanto la vara, es que hay quien necesita un poquito de leña bajo el peto para descongestionarse de mala sangre).
Además de volver a cuestas con la decepción de esta espantá (iba a decir que también he devuelto la oreja, pero no, esa no se devuelve, me voy a la tumba con el regusto de cuatro meses y pico inolvidables), digo que además de al fracaso de la espantá, también le he sacado billete de vuelta a la pena de dejar a una ciudad que me tiene tonto como a un quinceañero en su primer mes de noviazgo. Cómo me ha calado su magia, Dios, y cómo será posible que despreciando a sus habitantes indígenas de la misma forma que ellos me desprecian a mí, me haya encariñado de tal manera de sus calles, de sus parques, de sus barrios suntuosos y de sus barrios canallas, de sus semáforos, del look right, look left, del desastroso Tube, de la eficacísima red de autobuses, del Tesco abierto hasta las tantas, de la sintonía de la BBC. Y de sus habitantes no indígenas, hoy ya órgano vital de esta ciudad.
Pues bien, con esa decepción y esa pena aborto la aventura. Y con el orgullo de que he sido yo el que lo ha decidido, no la incapacidad para encontrar trabajo. Que ni Morante está para pegarse el arrimón con el que no quiere trapo, ni yo para pegarme un invierno de supervivencia. Eso lo hubiera hecho la primera vez, ahora ya no.
Y que nadie piense que me creo Morante, aunque haga morantadas.

emilio dijo
ANIMO ISRA!!!!
Que no pasa nada por volver, sabes que por aqui haces falta.
16 Octubre 2006 | 09:35 AM