La de cabreos que pillaba el amo y señor de este blog cuando vivía en Madrid a causa del no siempre eficiente funcionamiento del Metro. Después de ocho días de mi regreso a Londres, proclamo a los cuatro vientos que el Metro de doña Esperanza, y mira que me jode, es gloria bendita, por lo menos comparado con este desesperante monstruo de miles de arterias coaguladas que no permiten circular con fluidez a las miles y miles de vidas que dependen de su buen funcionamiento.
No hay día en el que no me tenga que joder y aguantar interminables paradas y retrasos. Pero entonces pienso que esta gentuza pecosa de piel rosadita también se está jodiendo (y ellos de por vida) y entonces se me pone en la cara la sonrisa tonta.
P.D. Vamos a salvar del desastre a la Victoria Line, que es canelita en rama.
P.D.2. Merece la pena también que le echéis un vistazo a este post, nada de lo que cuenta es mentira ni está exagerado, aunque algunas cosas puedan parecer difíciles de creer.

... de sus semáforos, del look right, look left, del desastroso Tube, de la eficacísima red de autobuses, del Tesco...