Your father are gonna come back tomorrow
Tengo los riñones como si hubiera estado de vendimia. Y todo para nada. Resulta que esta tarde (viernes 6) me mandan a una entrevista de trabajo a un restaurante italiano (por cierto, a unos quinientos metros del restaurante donde estuve trabajando en mi primera estancia en Londres). Bueno, que me mandan para allá, llego yo muy compuestito con la carta de recomendación de David Rojo protegida de la ya omnipresente lluvia en una carpeta transparente, entro, me presento, y en cinco minutos ya me habían disfrazado con el pantalón de cuadros y la guayabera blanca de los cocineros. Toma castaña. Y toma estropajo y empieza a darle a las sartenes, a las cacerolas, a los platos, a las bandejas, a los cubiertos... Así, de seis a once y media, más o menos. Pero sin levantar la cabeza de la pila nada más que para colocar en su sitio lo que iba fregando. Notaba cómo se me iban deshaciendo los dedos en unas arrugas algodonosas blancas como la leche, al tiempo que la leche de uno de los cocineros se agriaba para conmigo cuando se me acumulaba la tarea aunque yo estuviera allí rascando más que Julián Muñoz en un consistorio.
Cuando me dicen que mañana a las diez de la mañana me esperan salgo de dudas: va a venir tu padre. Y es que el horario queda de la siguiente manera: de diez a tres, un break de tres a seis (a las cinco y media comes en el restaurante) y ya de seis a once y media. Total, que tendría que salir de casa sobre las nueve de la mañana para llegar sobre la una de la madrugada. Pues eso, que el padre de ellos.
Y luego, ya pasadas las once y media, yo allí con los cuernos dale que te pego para acabar lo que no se acababa nunca (joder, qué manera de aparecer por arte de magia cacerolas sucias y cacharritos a última hora), diciéndoles que el metro lo iban a cerrar y que como me cerraran el metro que a ver cómo coño llegaba yo a casa, que apenas conozco mi barrio, joder, que es que hace veinticuatro horas que me instalé y no sé dónde se pillan los autobuses, bueno, que les daba igual, ellos a cambiarse y para casa y yo allí terminando. Pues mañana váis a correr, cabrones, que el kitchen porten se va a dedicar a otros menesteres en la jornada del sábado.
Tomorrow at ten o'clock, me dicen los muy cabrones, y más cabrón yo, Sure.
Lo único positivo de mi vuelta a Londres -hasta el momento- es que en apenas veinticuatro horas de mi llegada ya he estado trabajando. Lo único. Ya os contaré del antro en el que me han metido a vivir, que ahora el italiano con el que comparto olores corporales y calcetines sucios desparramados por la habitación está intentando dormir, y aunque no protesta -más que nada porque no puede, porque no sabe ni papa de inglés y yo si me habla en italiano me hago el sueco- sé que el soniquete de las teclas hace más efecto que la cafeína. Good night, pues.

AgusC dijo
Creo que sería más bien "your father is gonna..." no?
9 Octubre 2006 | 01:27 AM