Cuando pasan cosas como ésta, me quedo sin argumentos para legitimar la lidia y muerte de un toro (utrero en este caso) de lidia. Los picamos, banderilleamos y matamos a estoque, ¿Y encima les mermamos las defensas? Pues yo dejo de defender ésto, igual si me pongo al día con lo de la Fórmula 1 también puedo ser feliz.
Ah, y aquí el malo de la película no es el que lo denuncia, sino el que comete la trampa. Y si usted no quiere que le pase nada a su hijo, póngalo a hincar codos. Claro que, entonces, no se va a poder prejubilar usted para ir de la finca a la plaza y de la plaza a la finca con la barriga llena de langosta. Y enséñenle a inventar excusas más compactas, que es que encima hace el ridículo, coño.
Y para Tomás Campuzano, mis respetos.