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La Coctelera

Cuchilladas

Tajos de pensamiento para descongestionar una vida hipertensa

16 Agosto 2006

Vida gris

Toda mi vida luchando por no llevar una vida gris, y mi vida es gris. Madrugón, oficina, siesta, supermercado, televisión, un libro, mañana más, ya queda menos para el fin de semana. Mediodía del viernes, confirme qué desea que haga Windows: apagar, hasta el lunes, que lo paséis bien, atasco, cena para dos, una copa, esta noche no que estoy cansado, un ratito más, qué hora será, ¿las doce ya?, chándal, una clara y dos tintos, qué tal por aquí, por allí lo de siempre, no trago a García, ya sabes, paella para seis, las veo, escalera de color, paseo en bici, ¡joder, cómo se notan los años!, cena para seis, corto de ginebra, por favor, ¿otra ronda?, deja, esta la pago yo, ¡vamoooos, ahí, vuelta, qué arte, madre mía!, buenos días, buf, qué dolor de cabeza, ¿has ido ya a por el periódico?, qué bien, trae una peli, esta noche la vemos, regreso, bocadillo de ternera en un bar de carretera, mañana otra vez a la oficina... y soy feliz.

Cuando mi vida era rosa, no. Entonces mi vida no gris, por no ser gris, era negra. Rosa por fuera, pero negra por dentro. El rosa lo veían los demás, yo no. Una vida de color de rosa para el que no la vive y negra para el que hace que su vida parezca rosa a los demás.

No había oficina, no había un odioso García, no había atasco ni bocadillo de ternera en un bar de carretera. No era un soldado más del pelotón, era la envidia de los demás, palmadita en la espalda, felicitaciones, qué trabajo tan bien hecho, reconocimiento, respeto, dinero. Envidia para los de la vida gris, a los que yo envidiaba. Debajo del rosa, de la palmadita en la espalda y del reconocimiento, una presión negra, una ansiedad negra, una exigencia negra, un sin vivir negro para mantener el rosa de afuera.

No había atascos porque no había fines de semana, ni cena para dos porque los nervios bastan para saciar un estómago agarrotado. No había caña y dos tintos, ni escalera de color, ni chándal ni paseo en bicicleta ni... ni vida. Sólo un sin vivir negro que los demás veían rosa. Hoy vivo mi vida rosa, aunque los demás la ven gris.

[Madrid, verano de 2005. Lo escribí para el concurso de relatos de verano de La Razón. Por supuesto, me comí una mierda, pero en estas líneas quedaba reflejado a la perfección mi estado de ánimo de por aquel entonces. Casi como ahora. En otro post os contaré todo. De momento, sacad vosotros vuestras propias conclusiones].

servido por cuchilladas 4 comentarios compártelo

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Rosa J.C.

Rosa J.C. dijo

Vívela como tú sabes. ;)

16 Agosto 2006 | 11:37 PM

Marta

Marta dijo

Pero que bien escribes coño................. Estos de la razon no tienen ni puta idea sino te hubieran dado el premio.
Animo, que entre Rosa y tu los desbancais en menos que canta un gallo!!!!!!!!!!!!!!!

Firma,
Tu lado rosa.

17 Agosto 2006 | 08:20 AM

sandri

sandri dijo

Pues porque a mí no me dejaron votar, sino...

17 Agosto 2006 | 06:46 PM

Maite

Maite dijo

Je je, muy bueno éste; todo anda en la paleta de colores... Yo todavía estoy buscando el mío (color); básicamente, depende del día, aunque suele tender al rojo...

Enhorabuena por el cambio. Y sí, sí, es cierto: desde dentro nada es lo que parece desde fuera...

22 Agosto 2006 | 01:40 PM

Los comentarios están cerrados


Sobre mí

No elegí nacer en aquel lugar ni en aquel momento -ni siquiera elegí nacer-, pero tampoco me quejo. Pasadas las fiebres futboleras de una feliz infancia, el espectáculo ese de la bestia y el hombre del trapo rojo me hizo más llevadera la adolescencia. Ahora, a mis veintitantos, con una licenciatura en Periodismo a la que quiero y odio a partes iguales, sin un duro y más rojo que La Pasionaria (que nooo, que soy muy moderadito, que lo digo pa tocar los huevos), lucho por no hacerme mayor. Por eso, entre otras muchas razones (la de mucho trabajo y poco dinero también puede valer), dejé de engordar mi panza en la redacción de un diario digital y me fui a Londres. Recién llegado del Reino Rancio, con la tranquilidad del que sabe que el de enfrente también habla castellano, abro las ingles de mis sesos para dar a luz a este cuaderno escrito a base de cuchilladas. No por nada, sino porque el que lo escribe se llama Israel Cuchillo Castillo y se crió en la Muy Noble y Muy Leal Villa de La Roda (Albacete).

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