Vida gris
Toda mi vida luchando por no llevar una vida gris, y mi vida es gris. Madrugón, oficina, siesta, supermercado, televisión, un libro, mañana más, ya queda menos para el fin de semana. Mediodía del viernes, confirme qué desea que haga Windows: apagar, hasta el lunes, que lo paséis bien, atasco, cena para dos, una copa, esta noche no que estoy cansado, un ratito más, qué hora será, ¿las doce ya?, chándal, una clara y dos tintos, qué tal por aquí, por allí lo de siempre, no trago a García, ya sabes, paella para seis, las veo, escalera de color, paseo en bici, ¡joder, cómo se notan los años!, cena para seis, corto de ginebra, por favor, ¿otra ronda?, deja, esta la pago yo, ¡vamoooos, ahí, vuelta, qué arte, madre mía!, buenos días, buf, qué dolor de cabeza, ¿has ido ya a por el periódico?, qué bien, trae una peli, esta noche la vemos, regreso, bocadillo de ternera en un bar de carretera, mañana otra vez a la oficina... y soy feliz.
Cuando mi vida era rosa, no. Entonces mi vida no gris, por no ser gris, era negra. Rosa por fuera, pero negra por dentro. El rosa lo veían los demás, yo no. Una vida de color de rosa para el que no la vive y negra para el que hace que su vida parezca rosa a los demás.
No había oficina, no había un odioso García, no había atasco ni bocadillo de ternera en un bar de carretera. No era un soldado más del pelotón, era la envidia de los demás, palmadita en la espalda, felicitaciones, qué trabajo tan bien hecho, reconocimiento, respeto, dinero. Envidia para los de la vida gris, a los que yo envidiaba. Debajo del rosa, de la palmadita en la espalda y del reconocimiento, una presión negra, una ansiedad negra, una exigencia negra, un sin vivir negro para mantener el rosa de afuera.
No había atascos porque no había fines de semana, ni cena para dos porque los nervios bastan para saciar un estómago agarrotado. No había caña y dos tintos, ni escalera de color, ni chándal ni paseo en bicicleta ni... ni vida. Sólo un sin vivir negro que los demás veían rosa. Hoy vivo mi vida rosa, aunque los demás la ven gris.
[Madrid, verano de 2005. Lo escribí para el concurso de relatos de verano de La Razón. Por supuesto, me comí una mierda, pero en estas líneas quedaba reflejado a la perfección mi estado de ánimo de por aquel entonces. Casi como ahora. En otro post os contaré todo. De momento, sacad vosotros vuestras propias conclusiones].

Rosa J.C. dijo
Vívela como tú sabes. ;)
16 Agosto 2006 | 11:37 PM