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Terra
La Coctelera

Categoría: Vivir is to live in London

Juro que estaba

Dice Rafael de Paula que el Espíritu Santo no sale en el vídeo. Ni en las fotos, Rafael, ni en las fotos, que cuando hice 'click' lo tenía delante.

A sus pies, Mr. Ben

Mi fondo de escritorio

Esta foto la hice el pasado lunes. Al descargarla en el ordenador quedé enamorado de ella y decidí pagarle un tratamiento de belleza (mezclador de canales, grano y un filtro cálido) en la clínica Photoshop. Desde entonces nos decimos hola todos los días, poco después de que salga eso de Windows se está iniciando...
¿Qué tendrán los cementerios del Reino Unido que me gustan tanto?

Stamdford Bridge como nunca lo habías visto

Mientras que el que escribe andará encerrado en la salchicha de hierro voladora propiedad de Air Plus Comet, glubs, mi Barça impartirá magisterio en casa del equipo pijo de la ciudad. Yo me di una vuelta por allí el lunes. Hice las fotos que todo el mundo hace y estas otras. ¿A que nunca habíais visto Stamdford Bridge desde esta perspectiva? Otro día os mataré con una galería fotográfica de esta maravilla de cementerio.
P.D. Perdón por la mala calidad de las fotos, están quemadas y ahora no tengo tiempo de andar zascandileando con el Photoshop, que en un rato vuelvo a casa.

Morantada, vuelvo a España

Para desesperación de mis progenitores (de mi madre sobre todo) y de mi novia, he salido más Morante que Ponce, una puta montaña rusa es lo que soy, imprevisible como la ruleta del casino, desconcertante, tomo café con Dios y llego a tiempo a cenar con el Diablo. A mi madre le hubiera gustado más tener un Ponce de machacona corrección, educadito y tenaz, de los de no tomar café nunca con Dios si es preciso para no tener que cenar nunca con el Diablo.
Y qué culpa tengo yo de haber salido Morante, de ver -o de creer ver, al menos- muy pronto lo que lleva dentro el de los rizos y si lo que lleva dentro no me sirve para lo que yo llevo dentro no darme coba, ni engañarme ni engañar. A mí nadie me ha enseñado a ser así, luego el marrón que se lo coman mis genes.
Que llegué aquí a refrendar la oreja con petición de la segunda que me curré entre marzo y agosto, veo salir al de los rizos, me hace tal que así, un extraño, me mira mal, no lo veo claro, no me doy coba, y me voy a por la espada de verdad. De hecho, ya la tengo en la mano. El miércoles a eso de las nueve de la noche mi maletón rojo andará dando vueltas en la cinta de equipajes de Barajas.
¿Que qué es lo que tenía el de los rizos esta vez para haber pegado la espantá? Pues miren ustedes, que de viernes a miércoles me agencié tres trabajos -el finde no cuenta-, y no vi claro ninguno. Verlo claro es no salir de casa por la mañana y llegar once o doce horas después, con esos breaks matadores de dos o tres horas que tienes que dedicar a sentarte en un banco del parque viéndolas pasar (joder, y que muchas son feas y pecosas y se te hace más largo todavía), es no ganar sólo para el alquiler, el transporte, el pan de molde y la tarrina de mantequilla, entre otras cosas. No obstante, si en el Barcelona Tapas, el último cartucho que quemé (que me quemó, más bien), en vez de decirme que empezaría en dos semanas me hubieran ofrecido la incorporación inmediata, lo hubiera aceptado. No pagaban demasiado, pero el sitio es elegante, no es un horario esclavo y el ambiente entre los curritos me pareció de lo más sano. Vamos, que lo vi claro hasta que me pegaron el extraño ese de "en quince días empiezas". Y hasta entonces me paga tu padre el alquiler, ¿no?
Es verdad que podría haber seguido buscando unos días, unas semanas más, pero vine para no demasiado tiempo (alrededor de tres meses), con lo cual si tardas en despegar se te junta con el aterrizaje, y además ya digo que al de los rizos lo suelo ver al poco de asomar el morro por el portón de chiqueros, que los curros-mierda para los extranjeros aquí son la regla y no la excepción (de la que disfruté yo en la primera parte del exilio).

Nunca para empeorar

Para los hijos de puta que ahora retozan henchidos de gozo por una prematura vuelta que nunca quise: me fue tan bien la primera aventura en Londres que era muy difícil -me he dado cuenta ahora, ese ha sido el error- que se volviera a repetir, y yo volví para mejorar o al menos para mantenerme, nunca para ir a peor. Y que vuelvo porque decido con la libertad con que me vine, pues a mí, de momento, lo único que me ata en esta vida es la atmósfera, que si me salgo de ella a los cuarenta segundos me pongo morado como un higo y al minuto y medio se me vuelven los ojos a lo blanco. (Ya, ya levanto la vara, es que hay quien necesita un poquito de leña bajo el peto para descongestionarse de mala sangre).
Además de volver a cuestas con la decepción de esta espantá (iba a decir que también he devuelto la oreja, pero no, esa no se devuelve, me voy a la tumba con el regusto de cuatro meses y pico inolvidables), digo que además de al fracaso de la espantá, también le he sacado billete de vuelta a la pena de dejar a una ciudad que me tiene tonto como a un quinceañero en su primer mes de noviazgo. Cómo me ha calado su magia, Dios, y cómo será posible que despreciando a sus habitantes indígenas de la misma forma que ellos me desprecian a mí, me haya encariñado de tal manera de sus calles, de sus parques, de sus barrios suntuosos y de sus barrios canallas, de sus semáforos, del look right, look left, del desastroso Tube, de la eficacísima red de autobuses, del Tesco abierto hasta las tantas, de la sintonía de la BBC. Y de sus habitantes no indígenas, hoy ya órgano vital de esta ciudad.
Pues bien, con esa decepción y esa pena aborto la aventura. Y con el orgullo de que he sido yo el que lo ha decidido, no la incapacidad para encontrar trabajo. Que ni Morante está para pegarse el arrimón con el que no quiere trapo, ni yo para pegarme un invierno de supervivencia. Eso lo hubiera hecho la primera vez, ahora ya no.
Y que nadie piense que me creo Morante, aunque haga morantadas.

Tree jeans

Visto en Regent's Park

I miss you, Seven Sisters

Ya no soy el único blanco que va en el autobús, ni el único blanco de la cola del súper, ni el único blanco que en estos momentos anda por la calle. Cuando vivía en Seven Sisters lo era muchas veces, y cómo me gustaba. Aquél barrio sudaba, olía y se movía. Fried chicken, badulakes de polacos, moracos y pakistaníes; raperillos tocando los huevos con la música en el móvil a toda hostia, negras con culos como lavadoras, Malboro cheap de contrabando a 3 pounds, International phone card de 5 pounds a 3 pounds; avisos en las calles de que El viernes pasado un joven recibió una brutal paliza aquí. Si usted vio algo, por favor, llame al... Mi bronx, mi puto bronx, que te echo de menos un puñao.

En Ealing Common hay verde, árboles y una paz monacal. Y un gentelman inglés, ya jubilado, que se tira el día entero en la puerta de casa fumando en pipa. Un día le tengo que preguntar que si es que la parienta no le deja que le atufe las cortinas de casa.

Éste es en imágenes el aséptico barrio de mi vuelta a Londres. Puede parecer bonito, sí, pero no tiene alma. No suda, no huele ni se mueve.

Mi casa:

Mi calle:

La perpendicular a mi calle:

La iglesia de mi calle:

De camino al tube:

Tube, haces bueno al metro de Madrid

La de cabreos que pillaba el amo y señor de este blog cuando vivía en Madrid a causa del no siempre eficiente funcionamiento del Metro. Después de ocho días de mi regreso a Londres, proclamo a los cuatro vientos que el Metro de doña Esperanza, y mira que me jode, es gloria bendita, por lo menos comparado con este desesperante monstruo de miles de arterias coaguladas que no permiten circular con fluidez a las miles y miles de vidas que dependen de su buen funcionamiento.
No hay día en el que no me tenga que joder y aguantar interminables paradas y retrasos. Pero entonces pienso que esta gentuza pecosa de piel rosadita también se está jodiendo (y ellos de por vida) y entonces se me pone en la cara la sonrisa tonta.

P.D. Vamos a salvar del desastre a la Victoria Line, que es canelita en rama.

P.D.2. Merece la pena también que le echéis un vistazo a este post, nada de lo que cuenta es mentira ni está exagerado, aunque algunas cosas puedan parecer difíciles de creer.